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Gyantse, Kumbum, Tibet author:Víctor Domènech
middle
Sabia como un árbol
30 Aug
2012
arbre vkasana

Fotógrafo: Víctor Domènech

Termina el mes de agosto, para muchos el mes del año que invita a hacer una pausa y a salir de la cotidianidad, momento de dejar el ruido de las ciudades y buscar la calma de la naturaleza. La última frase que leí en una red social antes de mi pausa de verano fue la de una amiga que también invitaba a acercarse a ella. Pocas horas después me encontraba en el paisaje de mi infancia, fundida en la inmensidad de las montañas del Valle de Aran, escuchando el mágico sonido de los árboles y de los pájaros que viven en ellos, sumergida en las aguas de los ríos y lagos, tal vez con esta canícula tan calurosa un poco menos heladas. Ha sido un verano triste quemado por los incendios en todo el país. La quema hace nacer el sentimiento de compasión por toda la vida que muere bajo el fuego y que en gran medida se habría podido preservar, hace nacer la necesidad de una llamada a la 'consciencia de preservación' de la Madre Tierra.

A mi regreso sentí que quería hablar desde el corazón de esta inmensidad que nos ofrece la naturaleza, del profundo sentimiento de formar parte de ella como un árbol más, como un pájaro, como el agua, como la pequeña fresa que crece en el bosque o junto al río; de la paz profunda de aquél que escucha el silencio i la música oculta en los caminos y hace de su caminar sin tiempo por los senderos una meditación en esta unión. De la felicidad de ver como amigos y familia comparten también, quizás sin saberlo, esto que yo siempre llamo el yoga de la montaña.

Nada más llegar retomé la lectura del libro de Jean Shinoda Bolen 'Sabia como un árbol' y sentí que no podía encontrar mejores palabras que las suyas, y la de los autores que cita, para hacerlo y de esta manera compartir también su llamada a la necesidad de amar, escuchar y cuidar cada uno de los árboles de nuestros paisajes tal y como cuidamos a nuestras niñas y niños y necesitamos que sean cuidados todos los niños y niñas del mundo. Una llamada a la necesidad de despertar en cada uno de nosotros proyectos que sean verdaderamente significativos, que sean fuente de placer y que estén motivados por el amor, proyectos nacidos de la intención, basados en la confianza y la perseverancia que nos encaminen hacia un cambio de consciencia global que nos ayude a cambiar el mundo... Y por eso, esta nueva entrada en el blog es una invitación a leer el libro y a descubrir tal vez que vosotros sois también 'personas árbol'.

El potente sentimiento de pertenencia a la naturaleza, donde todo está vivo y lleno de gracia, esta 'percepción sagrada', llega de lo que Jean Shinoda llama 'receptividad', una sintonía, una actitud meditativa, una forma de estar en el momento presente, en la cual la mente se queda en silencio y hace posible escuchar la música o asimilar lo que alguien dice con palabras y captar con el corazón mucho más que las palabras mismas. “Es la unidad que conecta a todos los seres vivos, que albergan en sí, todos, una chispa del anima mundi; es el espíritu o la energía que hace sagrado a un árbol; es un concepto a la vez occidental y oriental que nos ha llegado de los místicos y meditadores que la han percibido; es el Gran Misterio, como los indios norteamericanos la llaman a veces... Una vez que percibimos que existe una energía, chispa o espíritu sagrados en todo lo que nos rodea, nos damos cuenta de que habitamos en un mundo sagrado. En mí, sentir esa cualidad sagrada evoca amor, belleza y gratitud”.

El término 'numinoso' de numen, espíritu que se creía que habitaba un objeto o lugar, expresa también este sentir de la mente meditativa y mística que se admira en la naturaleza y que comparte con la física de partículas la percepción de la interconexión de todo lo que forma parte del universo.
“Es extraño y reconfortante sentirse presente en el momento, como formando parte de un universo afectuoso e incluso divino. Esta es la sensación que produce la gracia: algo invisible, divino, vivo, y que escapa a lo que nuestra mente puede explicar con la lógica o demostrar con la Razón todopoderosa.”

La naturaleza ofrece momentos llenos de coincidencias significativas, lo que Jung llama 'sincronicidad' y que son captadas por el alma más que por los ojos o por los oídos, una especie de conciencia intuitiva profundamente reveladora.
Jean Shinoda ha encontrado el hilo conductor de su libro en la tala de un precioso pino de Monterrey que vivía frente a su casa y de todo lo que aprendió sobre los árboles y 'los hombres' (sobre todo, 'las mujeres'- místicas, medicinales, los círculos de mujeres -) que los han defendido a lo largo de la historia y en todo el mundo. Los árboles son los seres vivos más antiguos de la tierra, ancestrales y magníficas obras de arte de la naturaleza, es vital mantener el sentimiento de admiración que despiertan en nosotros!

El suyo, como el de tantos y tantos casos maravillosos que relata en el libro, es el de un activismo del corazón, la conciencia de preservación, el conocimiento interior o gnosis que nace del alma, no del ego: 'la certeza que da a una persona reconocer algo en lo más profundo de su corazón ', de la auténtica conexión con la naturaleza que lleva a la persona a sintonizar con la energía y a captar una transmisión de sentimientos y sensaciones, de impresiones intuitivas, “lo que puede conectar a los adultos con la Naturaleza y con su propia naturaleza verdadera en un momento en que el destino del planeta depende de que los humanos sientan esas conexiones”.
“Solo cuando maduramos podemos ver a nuestra madre como a una persona separada de nuestras espectativas de ella, y, en ese momento de nuestras vidas, ella está ya envejeciendo y es más frágil que antes. Si no somos narcisistas, podemos verla tal como es, amarla, y darnos cuenta de que ahora nos corresponde a nosotros hacer por ella todo lo que ella no pueda hacer por sí misma. Esta es la situación actual de la humanidad con respecto a la Madre Tierra.”

arbre cremat

Fotógrafo: Víctor Domènech



Por la acción de los hombres, la tierra sufre la deforestación que sumada al crecimiento demográfico desmesurado tiene como resultado el calentamiento global. Tal como ocurrió en la isla de Pascua, ejemplo extremo de deforestación, no tendremos dónde ir si agotamos lo que sustenta nuestro planeta tierra. Es vital que los niños y niñas puedan sentir la conexión con el universo y por eso es necesario que estén en contacto con la naturaleza, ellos pueden ayudar a cambiar el mundo, es vital que las mujeres de todas partes puedan recibir información y tengan la libertad de escoger su maternidad. Si lo pueden hacer, probablemente la postergaran y tendrán menos hijos, sabrán proteger los recursos y el entorno y formarán círculos de conversación donde se sentirán seguras y nos acercarán a una creciente toma de conciencia colectiva donde la polarización agresiva se reducirá al mínimo.

Mujeres como Julia Butterfly que pasó 738 días en 1997 en lo alto de una secuoya roja milenaria para evitar su tala, las mujeres indias del movimiento Chipko, campesinas abrazadoras de árboles en Reni (Uttarakhand cerca del Himalaya ) que consiguieron también detener la tala y modificar la ley como lo hicieron sus antepasadas: Amrita Devi y sus tres hijas que en 1730 se dejaron martirizar para salvar los árboles sagrados de las villas bishnoi. Un encuentro desde el corazón entre mujeres vecinas, una israelí y otra palestina, las mujeres católicas y las protestantes en Irlanda del Norte, las musulmanas y las cristianas en Liberia que trabajan juntas por la paz haciendo valer su fuerza moral como madres, vecinas y parientes unidas en un sentimiento de hermandad y que como Artemisa, la diosa de la caza y de la luna, tienen un espíritu igualitario y combativo y aman la naturaleza, de ella sacan todas las enseñanzas y la fuerza para vivir. Es fundamental trabajar por el equilibrio de géneros y hacer que los valores femeninos den amplitud a las conversaciones de los hombres y los lleven a actuar desde los sentimientos y la integridad.


Los árboles no se empeñan en pasar la tormenta rectos, tiesos, estirados [...] Se dejan mecer por el viento. Comprenden lo importante que es dejarse llevar [...] Ahora no te toca ponerte rígida Julia, porque si no tu también te quebrarás. Aprende de la fuerza de los árboles. Permite que fluya. Déjate llevar. Así es cómo sobrevirirás a esta tormenta. Y así es cómo superarás todas las tormentas de tu vida. [Hill, El legado de la luna, 2001]


James Lovelock es el principal defensor de que la tierra es un organismo vivo, es decir de la Hipótesis de Gaia en honor de la diosa Gaia de la antigua cosmología griega contada por Hesíodo.
“La Tierra se comporta como un superorganismo constituido por todos los seres vivos y su entorno material [...] La humanidad forma parte de la unidad que es Gaia, y [...] según esta concepción holística en la que todo lo que hay sobre la Tierra forma parte del planeta vivo, la humanidad comparte el mismo destino que el planeta y contribuye a él. [...] La Madre Tierra recobra la vida cuando nos percibimos y percibimos la vida toda como hijos de Gaia.”

Unidad representada por el tello sagrado de los pueblos antiguos, tal vez el ser vivo más antiguo de la tierra, por baobab africano, árbol sagrado hogar de los espíritus; por el totara los maoríes, el olivo del próximo Oriente, sagrado también para los egipcios, griegos y romanos o el fresno de los países escandinavos. Por Asvattha, la higuera del mundo cósmico de las Upanishads, un árbol invertido que tiene sus raíces en el cielo y extiende sus ramas y hojas para recubrir la tierra, el absoluto se identifica con la raíz y cada una de las hojas es un cántico de los Vedas. Por el árbol Bodhi bajo la quietud del cual Buda alcanzó la iluminación.

“Sin árboles, el planeta no tendría atmósfera, tierra ni agua [...] Cuando levantamos los brazos, como la gente hace en señal de súplica o de gratitud, la postura que adoptamos es la de un árbol. [...] El árbol es el símbolo más importante del ciclo de la muerte y renacimiento de la Naturaleza, con la caída de sus hojas en otoño y la renovación en primavera. [...] La imagen de un árbol es una apropiada metáfora visual para aquellas personas que se hallan en un proceso de desarrollo espiritual: ser como un árbol; incorporar la consciencia, por un lado, una visión y comprensión íntimas derivadas de sueños simbólicamente enraizados en el inconsciente colectivo, y, por otro, la iluminación que llega como fruto de las enseñanzas, la oración y la meditación.”

Como explica Jung, el árbol simboliza tanto en Oriente como en Occidente un proceso vivo de iluminación.

“Ser como un árbol guarda relación también con vivir en un universo corporativo; es no estar solo, sino en relación con la vida.”

Judy Grosch encontró en los árboles la certeza de que un grupo de seres vivos que están juntos son capaces de crear algo totalmente nuevo e infinitamente más poderoso que cuando están separados. “Aquel nuevo ser, de un verdor palpitante, que creaban juntos los cuatro árboles me dijo que sí, que es importante que los seres humanos nos reunamos y creemos de ese modo una nueva entidad palpitante de potencial.”

Según el Instituto de Recursos Mundiales, más del 80% de los bosques naturales de la Tierra ya han sido destruidos (National Geographic) y por eso tenemos que escuchar más que nunca la voz de Hildegarda de Bingen (1098 a 1179), llena de espiritualidad ecológica y conciencia simbólica, que 800 años atrás supo establecer una conexión entre el mundo físico y mundo el sagrado y nos dijo que la naturaleza está a disposición de la humanidad y que debemos trabajar con ella. Sin ella no podremos sobrevivir.

Ha sido pues Hildegarda quien desde el confín de los tiempos y a través de Jean Shinoda me ha dado la palabra que me faltaba al principio de este texto para expresar la plenitud de un momento meditativo en la naturaleza, ella lo llamó veriditas: allí donde el alma está, contenta de estar, llena de vitalidad y gratitud, con la perfecta conciencia de vivir un momento de serenidad y belleza y saber que este momento es un regalo divino.

Este intenso libro de Jean Shinoda Bolen es pues un compendio de sabiduría preclara, profusamente documentado y estructurado en torno a la corteza de un árbol, una llamada al activismo espiritual ya un feminismo de lo sagrado femenino. Termina sus páginas con la esperanza de que pronto, quizá el año 2015, sea posible la Quinta Conferencia Mundial sobre las mujeres. Este es su sueño, un proyecto muy significativo motivado por el amor. Escucha y sabrás cuál es tu proyecto para mejorar el mundo.

Inevitablemente, al llegar a casa conecté de nuevo la red social y mi amiga había colgado una foto suya sentada a los pies de un inmenso árbol, en postura de padmasana con las manos en namaskara mudra alzadas al cielo.

“No solo no es imposible otro mundo, sino que está de camino. Quizás muchos de nosotros no estemos aquí para darle la bienvenida, pero en un día silencioso, si escucho muy atentamente, ya lo oigo respirar.”

Arundhati Roy · discurso “Come September” (2002)



Sabia como un árbol

Sabia como un árbol





In { Libros, Recomendaciones, } comments{ 1 } author: Mariona Costa
02 Sep
2012

Un text preciós i ple de certeses, gràcies Mariona!

author comment:Joan Gimeno
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