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Gyantse, Kumbum, Tibet author:Víctor Domènech
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YAMA Y NIYAMA la base de la vida en el yoga
30 Jan
2017

yama niyama


El sistema de yama y niyama, que simplemente llamaremos yamaniyama, constituye el fundamento sobre el cual se desarrolla la práctica del yoga. Todos los aspectos del árbol del yoga, desde el tronco y las ramas más gruesas, hasta la hoja más sutil, tendrán que estar constantemente impregnados de la linfa vital del yamaniyama, si no inevitablemente todo el árbol se secará y morirá. El yamaniyama no se ocupa de los defectos superficiales de la naturaleza humana, no quiere transformar al hombre en un sujeto social “bueno”, sumiso a estructuras morales o religiosas, sino que alcanza los estratos más profundos y densos de la naturaleza humana, y en su profundidad estructura el fundamento de la vida en el yoga.
Algunos traducen yama, como restricción o limitación y niyama como observancia o adhesión. En realidad, los yama alternan restricciones (Ahiṃsā, Asteya, Aparigraha) con adhesiones (Satya, Brahmacarya), y los niyama abren el camino de la práctica en la involución del hombre hacia el sí mismo representado por el corazón espiritual.
Otros autores hablan de moral para los yama, de ética para los niyama, aunque ambos términos se desarrollan en el ámbito de la filosofía helénica, cuya visión del hombre difiere bastante de la de Patañjali. La moral muda en el tiempo, y la ética también; sin embargo, aunque tanto los yama como los niyama tienen una carga ética y moral, su referencia es una especie de derecho natural y universal que ni el tiempo ni la historia pueden modificar. Es el derecho cósmico que reconoce a cada ser viviente la posibilidad de recorrer su camino de auto-conocimiento. No hay jueces ni juicio alguno en la aplicación del sistema yamaniyama: todo se basa en la única ley que el yoga reconoce como universal, la ley del karma: a cada acción corresponde una reacción.

En conclusión, observamos el yamaniyama como la propuesta de un camino para el hombre, un recorrido de auto-estudio, un sistema cuyos postulados se mueven desde los fundamentos de la práctica (Ahiṃsā, el amor hacia todo(s)), lo más terrenal, lo más “burdo”, hacia Iśvara-praṇidhāna, lo más sutil, la conciencia y el conocimiento más elevados. El recorrido del yamaniyama es así el recorrido mismo de la práctica, y como es propio en el camino del yoga, sus “miembros” son propedéuticos por un lado, y simultáneos por el otro: como muñecas rusas cada uno contiene en sí a todos los demás.

En el primer sutra del segundo pada de los yogasūtra de Patañjali, encontramos que el resumen de la práctica del Kriya-yoga (Tapaḥ Svādhyāya-Iśvara-praṇidhānāni Kriyā-yogaḥ ) corresponde a la parte final del sistema de yama-niyama. En la descripción de Patañjali del Kriya-yoga el componente moral está totalmente ausente y comienza directamente por la práctica: la disciplina (Tapas), el estudio (Svādhyāya) y la ofrenda (Iśvara-praṇidhāna). Nos sugiere que una práctica estrictamente técnica del yoga sería posible también sin gran parte del yamaniyama. Según algunos estudiosos, de hecho, este es un modo de entender el yoga que ha existido y todavía existe. Sin embargo, este tipo de práctica que algunos llaman “yoga inferior” es un yoga sin alma, sin estructura. El hombre que se relacione con el yoga sin yamaniyama estará creando una pareja sin amor. El yamaniyama es el alma, el corazón, el amor entre el hombre y el yoga.

Como mencionamos anteriormente, los preceptos del yamaniyama no son normas morales, sino ámbitos de acción y reflexión que invitan al hombre a adherirse a las leyes de la naturaleza, y a ofrecerse a las necesidades de la conciencia que constantemente le llama hacia sí misma. Es como si puruṣa, vibrase constantemente de deseo de conocerse a sí mismo y la práctica en el yamaniyama fuera la manera para el hombre de ayudar a Puruṣa a que se conozca. De hecho, la tradición del yoga es muy clara sobre el hecho de que la práctica es un re-descubrimento de las leyes que regulan el (los) universo(s): yamaniyama es el sistema que nos permite encajar con estas leyes. Salir de él significa, según el yoga, transformar nuestra vida en una lucha constante contra los molinos de viento, en una lucha para obtener, para no perder, para parecer, para no morir: luchas perdidas de una partida perdida que no conducen a nada, sólo a un ruido constante e ininterrumpido que nos impide escuchar la pregunta primordial que nuestra misma naturaleza nos hace vibrar constantemente en lo profundo del corazón: “Hombre, ¿dónde estás?”

En el yoga no se habla de pecado, tampoco del bien y del mal; la culpa no es una noción yóguica. El camino del yoga se basa en dos conceptos muy simples; el primero es que cada acción tiene una consecuencia: a veces la consecuencia es evidente, otras veces no lo es, pero siempre la hay. El segundo concepto es que una acción llena de dolor causará más dolor, y moverá la conciencia de uno hacia “fuera”. La acción llena de amor, no causará dolor, y moverá la conciencia de uno hacia 'dentro', hacia sí misma.

Si el camino del yoga es el camino del hombre que se reconoce a sí mismo, yamaniyama nos da los medios que necesitamos para que la dirección del camino sea constante, el corazón espiritual la meta. No son reglas, de ahí que no tenga lugar la comparación con la moral, son luces, faros que iluminan el camino del sādhaka indicando siempre la dirección correcta.

Patañjali confiere una relevancia extraordinaria al yamaniyama, dedicando dieciséis sūtra directos a la cuestión, y muchos otros que se refieren a ello de forma indirecta; al āsana dedica dos sūtra. Además, sugiere que se practiquen de forma universal, sin relación con el contexto, las circunstancias, el nacimiento: solo así podremos considerar los yama como mahā-vrata, el gran voto.

LOS YAMA, ELEMENTOS ESENCIALES:

AHIṂSĀ es amor
Ahiṃsā se enraíza en el reconocimiento de que todas las vidas, todos los seres están de alguna manera conectados los unos con los otros. La sabiduría budista sugiere pensar en Ahiṃsā en relación con la ley de la reencarnación, contemplando el hecho de que el ciclo de renacimientos es tan duradero que en algún punto de la historia de nuestro ser cualquier otro podría haber sido nuestra madre. Provocar daño a un ser vivo enciende una vibración de dolor que se propaga por todo el universo a través de la red invisible de la conciencia. Comprender Ahiṃsā significa comprender que cualquier daño causado a otro ser es un daño causado a nosotros mismos. La práctica de hiṃsā, la acción que causa dolor, se basa en viparyaya en la percepción equivocada de que el dominio del otro nos da seguridad. Pero, ¿de dónde viene la falta de seguridad? ¿De dónde viene la necesidad de actuar con violencia? Según los maestros, la violencia se enraíza en la situación de conflicto constante en la que vive nuestro corazón. El conflicto surge del deseo de devenir o de obtener, de la ilusión de sobrevivirnos a nosotros mismos, de la identificación con nuestro cuerpo físico, del miedo, etc.

Existen según el yoga dos fuerzas básicas en el camino de cada ser: una hacia fuera (evolutiva), y una hacia dentro (involutiva). Todo lo que deviene, que llega a algún punto, que crece, que se desarrolla, todo eso es cuerpo, es mente, es ego, es Prakṛti. Lo que es inmutable, eterno, infinito, sin tiempo, sin transformación pertenece a la esfera de Puruṣa. Cuando el yogui comprende este postulado, cuando aprende a no confundir el observado con el observador, cuando lo comprende desde la práctica, desde el interior, desde prajñā, entonces desaparece la necesidad de conflicto, desaparece la necesidad de violencia, porque no hay nada tan estable, sin tiempo, sin transformación, sin espacio como el amor. Ahiṃsā es amor.

Cuando el yogui está establecido en la no-violencia, desaparecen todas las hostilidades, porque al lado de una persona que ha encontrado la paz, nadie se siente amenazado, desaparece el campo de batalla, porque ya no hay batalla, ya no hay conflicto, sólo silencio.

SATYA es adhesión al dharma de uno mismo
Nuestras palabras y pensamientos deben ser veraces y siempre de acuerdo con los hechos. Sri Ramakrishna decía que la verdadera espiritualidad consiste en hacer del corazón y los labios una sola y misma cosa. En este sentido algunos conoceréis la costumbre oriental de acercar las manos juntas a la mente, a los labios y al corazón, para recordar que el ser espiritual actúa con pureza en sus pensamientos, en sus palabras y en sus emociones.

Hay una razón para que Satya siga a Ahiṃsā, porque la primera siempre contiene la segunda, en el sentido de que el elemento más importante es no causar olas de dolor. En ningún caso la verdad debe ser usada para causar dolor. Pero también la idea de que la verdad tiene que ser agradable es una percepción equivocada; es bien sabido que evitar la verdad para no causar dolor puede generar aún más dolor.

ASTEYA es respeto hacia el dharma de los otros
Asteya tiene que ver con el no desear cosas que no son nuestras. No se trata de un simple “no robar”, sino de una llamada a la percepción correcta de ser como un “contenedor de reflexiones de objetos”: el yoga considera que nada es nuestro, los objetos que creemos poseer no son nada más que hologramas que en relación con nuestras existencias son extremadamente efímeros. El deseo de posesión es en este sentido una forma de enraizar aún más avidyā, la percepción incorrecta de las cosas.

BRAHMACHARYA es destruir el ego sentimental
En las tradiciones recientes del yoga, Brahmacarya es interpretado a menudo como retención o control de los sentidos “lujuriosos” entendiendo no solamente la esfera del sexo, sino también la comida, el estilo de vida etc. En realidad en el contexto del sistema yamaniyama, Brahmacarya se dirige directa e inequívocamente a la esfera sexual del practicante. La energía sexual recoge en sí una potencia extraordinaria, resultado tanto de procesos afectivos como de procesos reproductivos del individuo.

Brahmacarya es el arte de gestionar, de controlar esta energía. No significa abstinencia sexual: grandes maestros como el Rishi Vasishta en el Vasiṣṭha-saṃhitā afirma que Brahmacharya, en el contexto familiar, significa 'fidelidad', grandes maestros contemporáneos como Sri Pattabhi Jois o Sri Iyengar confirman esta visión. Gregor Maehle en su comentario a los sūtra cita al Rishi Yijñavalkya: “el amado no tiene que ser visto en su forma física, sino como consciencia inmortal. La amada no tiene que ser vista en su cuerpo, sino como el atman mismo.” En el yoga tántrico, la vida en pareja es un medio para reconocer la divinidad inherente en el otro, y la actividad sexual es el resultado de este esfuerzo: este es Brahmacarya.

En algunas escrituras yóguicas, el enlace sentimental se denomina “karma mudra”: el sello del karma. El enlace kármico entre dos personas que forman pareja crea según muchos maestros un “deber kármico” en relación con el otro: ofreciéndose soporte, haciendo que el otro se sienta querido, ayudándose económicamente, etc. Cuando la relación se rompe por egoísmo de uno y no porque los dos seres unidos karmáticamente ya no se necesiten, queda un “deber pendiente”. Según Swami Shivananda, por cada relación que interrumpimos por egoísmo, tendremos que volver a nacer para satisfacer al otro a través de un nuevo enlace de pareja. No es relevante considerar si esta visión es real o simbólica, lo que sí nos dice es que el yoga considera la unión entre dos seres entre lo más sagrado.

APARIGRAHA es el camino hacia la felicidad
Aparigraha es el yama de la felicidad. Es la capacidad de gozar de lo que tenemos, sin querer más. El yoga ve la vida como 'momento' extremadamente inestable y efímero, y el cuerpo físico como un préstamo para cumplir una misión, es evidente que en el contexto de esta creencia, el hecho de poseer es simplemente ridículo. Todo es un préstamo, incluso la vida misma, cualquier posesión representa una ilusión y consecuentemente una fuente indudable de dolor.

LOS NIYAMA, ELEMENTOS ESENCIALES:

ŚAUCA es pureza
La pureza del cuerpo se obtiene desde la pureza de la comida. La pureza de la mente, desde la pureza de los pensamientos. La pureza del corazón desde la capacidad de actuar en ahiṃsā.

SAṂTOṢA es alegría
Saṃtoṣa es la sonrisa de quien sabe reírse de los límites y de las limitaciones de uno mismo, el arte de la distancia desde uno mismo que los griegos llamaban “ironía”. Saṃtoṣa de alguna manera es saber sonreír a la propia muerte y con la propia muerte, aceptando la transitoriedad de la vida presente hasta el punto de llegar a vivirla en perfecta plenitud.

Si nos diéramos cuenta de que toda la felicidad que buscamos está recogida en nuestros corazones, no tendríamos que recorrer el mundo entero para buscarla. La paz es el resultado de Saṃtoṣa y Saṃtoṣa es la madre del silencio, porque solo en la alegría y en la convicción de que todo es como tiene que ser, puede uno experimentar el silencio del corazón.

TAPAS es esencialidad
En mi visión personal, Tapas es una flor de alta montaña: porque representa la belleza indescriptible de la simplicidad, de la esencialidad; y el yoga no es nada más que el camino hacia la simplicidad y la esencialidad. Tapas significa aceptar una verdad muy sencilla: “no necesito nada más que saber quién soy en realidad”. Dice Maehle: 'El modo de despertar a la verdad de que no necesito nada en absoluto para ser internamente feliz, que, de hecho, siguiendo constantemente los estímulos externos me separo de mí mismo, es tapas.'

La palabra tapas proviene de la raíz 'tap' ('cocinar'), ya que la práctica de tapas enciende el fuego interior, el que nos calienta en la práctica, el mismo que practicamos con nuestros vinyāsa. Dharma habla siempre de angry determination, una determinación convencida, basada en el deseo de auto-realización.

SVĀDHYĀYA es el camino de la sabiduría
El término Svādhyāya es fácil de traducir en inglés: self-study o study of the Self. Porque a través del estudio de uno mismo, se llega paulatinamente al estudio del Ser. En el contexto propuesto por Patañjali no se trata del estudio de uno mismo a través de la práctica de meditación, sino del estudio de uno mismo a través de escrituras que lo inspiren. La mente y el ego confunden y son dramáticamente inestables y variables. Si buscamos verdades más profundas sobre nosotros mismos, no podemos contar sólo con nuestras fuerzas, sería solo orgullo: es necesario que confiemos en quien ha venido antes de nosotros recorriendo el mismo camino. No se trata de aprender las escrituras, sino vivirlas en el silencio, vibrar en su consciencia. Cada uno tendrá un método diferente para hacerlo: la lectura, la escucha, la secuela de un maestro. Recordémoslo: Svādhyāya no es aprender sūtras de memoria: como un herrero al trabajar el hierro provoca chispas, así el sādhaka al estudiar las lecturas provoca rayos de conciencia con los cuales puede nutrir su corazón. El propósito de Svādhyāya, recuerda Georg Feuerstein no es el aprendizaje intelectual, sino la absorción en la sabiduría ancestral. Svādhyāya supone la reflexión contemplativa sobre las verdades reveladas por los videntes y los sabios que transitaron las regiones lejanas. Otra manera de acercarse al conocimiento de uno mismo, según el yoga es la repetición del mantra OM.

IŚVARA-PRAṆIDHĀNA es el camino de rendición del ego
Este niyama caracteriza el yoga proponiendo la existencia de un ser superior, Iś vara. Ahora bien, ¿es necesario creer en Dios para practicar Yoga? La respuesta es no. Pero sí es necesario saber que el yoga contempla la existencia de una conciencia suprema, de un orden perfecto de las cosas. Lo que es esencial en la práctica del yoga, es descentralizar al hombre. A través de la rendición del ego podemos percibir a Iś vara, resumen de todos los seres, en el centro del sistema cósmico. Esta percepción no pertenece al ámbito de la fe. La fe es contraproducente en el yoga ya que excluye al conocimiento, y el yoga se basa en el conocimiento, jñāna. Cuando a través de la práctica, 'el conocimiento' llegue, la fe ya será inútil. Podemos incluso interpretar la figura de Iś vara como “una hipótesis de trabajo”, relativa a la de la rendición, cuyos resultados cada uno vivirá de manera individual, diferente, y enmarcada en su sistema cultural. Lo único esencial es no dejar nunca de practicar la rendición del ego.

El sādhaka confía en la práctica, mantiene Tapas y Svādhyāya constantemente activos: son el fuego del deseo de auto-realización. A partir de ahí el yoga entrega a cada uno de sus sādhakas la responsabilidad de sumergirse en prajñā, el conocimiento profundo; siempre vigilante y atento a la facilidad con la cual puede caer en avidyā, el conocimiento ilusorio. ¿Cómo reconocer y distinguir la verdad de la ilusión? ¿Prajñā de Avidyā? ¿Asat de Sat? Los sabios no dejan lugar a duda: cuando se trate de la verdad no tendrás duda alguna, porque la verdad tiene un alma, la ilusión no.


In { Yoga Sutras, } comments{ 0 } author: Alvise Vianello
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